la revolución del capitalismo comunero

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El capitalismo hace ya mucho que se hizo socialista e inventó el Estado del Bienestar. Más tarde se hizo ecologista y se llamó Capitalismo Verde. La nueva tendencia entre los ideólogos más progresistas del capitalismo es hacer la revolución comunera. El capitalismo se vuelve revolucionario. Reniegan incluso de la palabra capitalismo. El capitalismo se vuelve anticapitalista, revolucionario y comunal. Pero sigue siendo capitalismo, pues no renuncia a aquello que es la sustancia principal del capitalismo: la constante y creciente creación de valor.

En otras épocas el capitalismo retomó y reutilizó ideas como el socialismo para crear sociedades de la abundancia relanzando el consumo por medio de un cierto equilibrio en el reparto de la riqueza, mediante el expolio de los recursos de la mayor parte de la población mundial, que quedaba fuera de cualquier clase de reparto, y mediante la destrucción de la naturaleza. También retomó y reutilizó el ecologismo para abastecer el nuevo mercado de las elites preocupadas por su salud y por la salud de “su” planeta, mientras siguen destruyendo los recursos naturales.

Ahora, desde determinadas plataformas y colectivos como el denominado “Grupo de Cooperativas de las Indias“, se promueve la revolución para cambiar el sistema económico partiendo de lo comunal y lo comunitario, pero sin cambiar nada en el fondo. Productividad, trabajo, eficiencia, tecnología, desarrollo, abundancia, sostenibilidad… son ideas que permenecen inalterables. Su propuesta recuerda a aquello que tanto se suele repetir de la novela de Lampedusa: “Cambiarlo todo para que nada cambie”.

Esta utopía capitalista es descrita y promovida en su “Manifiesto Comunero“.

el negocio de la revolución social

"... bajo el ropaje de la globalización, el capitalismo extiende sus tentáculos de expropiación a todos los rincones de la tierra. Si alguien encontrara un modo de superar el capitalismo, seguramente alguna corporación compraría los derechos de autor y distribución."

Simon Critchley, La demanda infinita, p. 133.

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Luchar contra la pobreza y contra las injusticias es otra oportunidad de negocio que está esperando a los nuevos emprendedores. Aunque lo parezca no es tan descabellado. Dado que el obetivo del capitalismo es crear riqueza, no es raro que a algún emprendedor se le haya ocurrido que lo que hay que hacer es luchar contra la pobreza. Así han nacido proyectos empresariales como Vistare o UnLtd Spain. En ambos casos se trata de iniciativas empresariales que tienen el objetivo de ganar dinero ayudando a las víctimas del sistema basado en la necesidad imperiosa de ganar dinero. Es el pez que se muerde la cola. El capitalismo es un sistema que se apropia de todo, hasta de sus deshechos, para sus propios fines de crecimiento ilimitado. Si hace falta, el capitalismo se hace antisistema.

El capitalismo se reapropia de cualquier cosa que parezca cuestionarlo. Si la ecología nació como un movimiento que denunciaba los males profundos que la codicia capitalista estaba causando en el planeta, pronto se convirtió en una estrategia de las grandes empresas para vender más y más caro. De pronto, las empresas más contaminantes se volvieron ecológicas sin dejar de contaminar, y cambiaron sus logotipos para introducir en ellos el color verde. La pobreza hace tiempo que es un buen negocio. Si no, que se lo pregunten a empresas como Iberdrola o Telefónica que desembarcaron hace ya bastantes años en las regiones más deprimidas de Sudamérica para establecer sus nuevas líneas de negocio.

En los últimos tiempos, además, hacer negocios con los pobres se ha vuelto una actividad casi revolucionaria. Ahora no se trata de venderles electricidad. Ahora de lo que se trata es de vender entre las clases medias europeas y americanas ideas de solidaridad y de “cambio social” (algún día pueden sorprendernos incluso hablandonos de “revolución”) utilizando la pobreza. La venta de bellas ideas para la “transformación de la realidad” es hoy una buena fuente de ingresos para emprendedores sin escrúpulos.

Comunes contra y más allá del capitalismo

El despegue del capitalismo se produjo cuando éste, por medio de cerramientos, desamortizaciones y privatizaciones de tierras que siempre habían sido comunales y trabajadas en “común”, arrebató los medios de vida y la autonomía a quienes pasarían a engrosar los ejércitos de trabajadores, dando lugar a una nueva clase social, el proletariado, formada por los desposeidos, por todas aquellas personas a las que se les arrebataron sus formas de reproducción de la vida y todos sus saberes; una nueva clase social formada por todas aquellas personas pertenecientes a las comunidades que fueron desarraigadas y expulsadas de las tierras que les habían proporcionado durante miles de años los medios necesarios para la vida y para su reproducción.

Los “comunes” por tanto evocan un potente imaginario para quienes buscamos alternativas al capitalismo que ha degradado el planeta, las relaciones entre las personas y que ha acabado con la capacidad de las personas para producir y reproducir sus vidas. Cualquier alternativa a este sistema que se ha apoderado del planeta que habitamos y del universo entero y que, en nombre de la libertad, ha esclavizado a toda la población de la tierra, debe buscar la autonomía de las comunidades humanas y la recuperación de los “comunes”.

Pero la voracidad del capitalismo no tiene límites. Si el robo de los comunes sirvió para su despegue, en la actualidad, para su perpetuación necesita arrebatar y apropiarse hasta de la idea de los comunes, ya que los comunes también pueden ser utilizados bajo la lógica del capital para crear valor y producir mercancías a menor coste y bajo la apariencia de un nuevo capitalismo vestido de socialismo autogestionario.

Una vez más, ha sido gracias kutxikotxokotxikitxutik, que hemos podido conocer un interesantísimo trabajo de Silvia Federici y de George Caffentzis titulado “Comunes contra y más allá del capitalismo“, que ha sido traducido al castellano y publicado en la revista El Apantle, Revista de estudios comunitarios. Esta es la pregunta fundamental que nos lanzan: “¿Cómo podemos prevenir la cooptación de los comunes y su conversión en plataformas desde las que la clase capitalista decadente pueda rehacer sus fortunas?

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Silvia Federici y George Caffentzis

La introducción ubica con bastante precisión la problemática que pretenden analizar:

Cada vez más, el término “común” tiene mayor presencia en el lenguaje político, económico e incluso en el inmobiliario. Derecha e izquierda, neoliberales y neokeynesianos, conservadores y anarquistas utilizan el concepto en sus intervenciones. El Banco Mundial acogió el término cuando, en abril de 2012, dictaminó que toda investigación que llevase su sello debía ser “de libre acceso mediante una licencia Creative Commons –una organización sin ánimo de lucro cuyas licencias por derechos de autor tienen como objetivo favorecer un mayor acceso a la información a través de Internet” (Banco Mundial, 2012). Incluso The Economist, un paladín del neoliberalismo, ha saludado el uso de este término a través de los elogios vertidos sobre Elinor Ostrom –decana de estudios sobre lo
común– en su obituario: A ojos de Elinor Ostrom, el mundo poseía una gran cantidad de sentido común. La gente, sin nada sobre lo que apoyarse, crearía formas racionales de supervivencia y de entendimiento. Aunque el mundo tuviese una cantidad limitada de tierras cultivables, de bosques, de agua o de peces, sería posible compartirlo todo sin agotarlo y cuidarlo sin necesidad de contiendas. Mientras otros autores hablaron de la tragedia de los comunes con pesimismo, centrándose tan sólo en la sobrepesca o la explotación agrícola en una sociedad de codicia rampante, Ostrom, con sus sonoras carcajadas, se convirtió en una alegre fuerza opositora (The Economist, 2012). Por último, es difícil ignorar el uso tan habitual que se hace del concepto “común” o “bienes comunes” en el actual discurso inmobiliario sobre los campus universitarios, los centros comerciales y las urbanizaciones cerradas. Las universidades elitistas que exigen a los estudiantes matrículas anuales de 50 mil dólares, se refieren a sus bibliotecas como “centros comunes de información”. En la vida social contemporánea, parece que es ley que cuanto más se ataca a los comunes, más fama alcanzan. En este artículo examinamos las razones detrás de estas tendencias y planteamos algunas de las principales preguntas que enfrentan hoy en día los comunitaristas anticapitalistas:
 ¿A qué nos referimos cuando hablamos de “comunes anticapitalistas”? ¿Cómo podemos crear, a partir de los comunes que nacen de nuestra lucha, un nuevo modo de producción que no esté basado en la explotación del trabajo? ¿Cómo podemos prevenir la cooptación de los comunes y su conversión en plataformas desde las que la clase capitalista decadente pueda rehacer sus fortunas?

Commons contra y más allá del capitalismo. Informa de un debate con Silvia Federici y George Caffentzis

BEYOND GOOD AND EVIL COMMONS

Contra la enajenación de la vida

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Ya está disponible el número 10 de cuadernos de NEGACIÓN.

Este número indaga en los orígenes del capitalismo y ataca algunos mitos al respecto. Continúa con la crítica del dinero, del Capital como sujeto y fin último de la producción y reproducción de la sociedad, del fetichismo y la enajenación como la instrumentalización del mundo y todos los que habitamos en él.
Enajenación no significa simplemente la separación de nuestros medios de vida, sino que se trata de todo un proceso histórico mediante el cual se ha llegado a que nuestra propia existencia se nos presente como ajena, en una sociedad donde el objetivo no son las personas, ni tampoco las cosas, sino la producción por la producción misma, la valorización del Capital.
Es todo un orden social que vivimos como ajeno e, inevitablemente inmersos en él, tenemos que enfrentar.

Contenido:
▪ Presentación
▪ El capitalismo
▪ «Había una vez…»

Subsunción
▪ Un mundo sin corazón
Acumulación, comercio, usura y desposesión
▪ Entrando en la lucha de clases
▪ El Capital solo quiere más capital
▪ Dinero

Dinero y valor
▪ El fetichismo de la mercancía
… y su secreto

▪ Alienación
El trabajo enajenado