Concejo número 4

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El bien más precioso del hombre en el orden temporal, su continuidad más allá de los límites de su existencia, en los dos sentidos, ha sido enteramente confiada al Estado. (Simone Weil, “El desarraigo”)

A campana tañida e repicada… recibimos de nuevo la llamada a concejo para pensar y para hablar sobre todo aquello que nos concierne. Y como nuestra relación con el territorio también es algo que nos concierne, en este nuevo número (y van 4) de Concejo, editado por Lecturas de Zamarraco, se abre una puerta hacia la reflexión sobre cómo construir una relación con el territorio que nos permita rearraigar nuestras vidas, enraizar de nuevo.

“Echar raíces quizá sea la necesidad más importante e ignorada del alma humana”. Así se expresaba Simone Weil en un texto en el que reflexionaba sobre el desarraigo que se ha instalado como una de las principales enfermedades del mundo moderno. Para echar raíces necesitamos replantearnos nuestra relación con el territorio al margen de la idea y del concepto de nación que surgió con la modernidad. Nacionalismos e internacionalismos, ambos parten de la construcción de un concepto, la nación, que probablemente sea necesario deconstruir para poder empezar a imaginar una relación diferente con el territorio en el que vivimos y en el que convivimos con otros, de nuestra misma comunidad y de otras comunidades.

Este número de Concejo se inicia con un debate en el que surgen muchas cuestiones para poder pensar críticamente. Se presenta como un tímido comienzo que de paso a posteriores reflexiones y debates que nos ayuden a imaginar un nuevo modo de vida emancipada de todo aquello que nos somete y nos domina. El territorio y nuestra relación con él deben ser vistos desde nuevas perspectivas, ya que echar raíces de nuevo es probablemente lo único que puede garantizarnos la conexión entre el pasado y el futuro a través del presente. Esta conexión nos la puede proporcionar el territorio, con el que tendremos que establecer nuevas formas de relación autónomas, porque no podemos seguir confiando al Estado nuestro bien más precioso.

Neorrurales

Regresar al campo desde la ciudad puede tener diferentes significados. A lo largo del tiempo han sido muchas las gentes que han buscado en el campo distintas formas de retiro del mundanal ruido, buscando una vida más sencilla y más “natural”. A partir de mediados del pasado siglo se produjeron movimientos de personas que abandonaban la ciudad para regresar al campo, la mayoría de las veces excesivamente idealizado, como una reacción contra la mercantilización de la tierra, de la fuerza de trabajo y de la vida en general, y contra la alienación y la disolución de los lazos sociales consecuencia del capitalismo.

Muchas de estas experiencias fracasaron y acabaron por disolverse y muchas otras fueron absorbidas paradójicamente por el mismo sistema del que pretendían escapar. El capitalismo en su fase más avanzada utilizó hábilmente muchas de estas experiencias alternativas para poner en valor económico, es decir, para generar más capital, el mundo rural como una nueva mercancía en forma de paisajes, espacios naturales, historia, arte, artesanía, producción bio-ecológica, etc… Gran parte de aquellos “neorurales” que pretendieron ser una alternativa a la mercantilización de todo y al consumismo desbocado, se convirtieron en los “gestores del paisaje”, en los administradores de los “nuevos nichos de mercado” y en la mano de obra barata para los “nuevos yacimientos de empleo”.

Es algo que ya hemos comentado más de una vez en este blog. El regreso al campo no tiene sentido si no se plantea desde una crítica radical al capitalismo, sin perder en ningún momento de vista que el objetivo no puede ser crear pequeñas islas dentro de este sistema, ya que esto no es posible, sino el de abrir grietas en él y luchar con todos los medios para hacer estas grietas cada vez mayores, creando redes de pequeñas comunidades en las que se vayan desarrollando nuevas formas de vida, con lógicas comunales no mercantiles ni basadas en el intercambio ni en la obtención de beneficios. Si el interés particular, la obtención de beneficios, la concepción del mundo como una inmensa fuente de recursos a explotar, el crecimiento constante y el progreso son las claves del capitalismo, las alternativas que se pueden poner en marcha desde una nueva concepción de lo rural deben partir de lo común. Lo comunal representa un concepto mucho más amplio que lo que puede entenderse como otra forma de propiedad. Lo común, son las obligaciones que tenemos como colectivo. Son estas obligaciones que cada individuo tiene para con el resto de los miembros de su comunidad las que conforman lo común. Por tanto lo comunal no es una forma diferente de propiedad, sino la abolición de ésta. Lo comunal es una forma de vida en la que no cabe el mercado, ni la explotación, ni la ganancia. Lo comunal es vivir en común, sabiendo que cada persona tiene obligaciones para con los demás, creando y compartiendo nuestros saberes, nuestros cuidados y nuestros esfuerzos en una comunidad de personas, animales y tierra.

Hemos leído un interesante artículo en el que se abordan algunas de las cuestiones aquí planteadas desde un punto de vista mucho más interesane del que esperábamos del tipo de publicación en el que aparece:

Neorrurales (Rita Calvário y Iago Otero)

STALKER: Tecnologías y emancipación social

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El próximo día 18 de marzo (sábado) tendremos la oportunidad de asistir a la segunda parte del “Seminario sobre tecnologías y emancipación social” (TAMAGOTCHI). En esta ocasión será la película de Andrei Tarkovsky Stalker la que nos pondrá en situación para continuar el debate que se inició hace algunas semanas con ocasión de la primera parte de este Seminario.

Esperamos que la película de Tarkovsky sirva para guiarnos, como lo hace el stalker, a través de la zona, que es el mundo que está fuera de nosotros, para poder verlo con nuevas miradas. Habitamos un mundo hecho, lleno de máquinas y de complejos artefactos tecnológicos  que creemos que sirven para la satisfacción de deseos infinitos. Stalker nos guiará por este mundo para ayudarnos a penetrar en el interior de nosotros mismos en busca de esos deseos que tanto necesitamos satisfacer, pero que no sabemos ni siquiera cuáles son, ni si realmente es posible satisfacerlos de alguna manera.

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Cita extraída de A. Baecque, “Andrei Tarkovsky”, en Cahiers de Cinéma, 1989, p. 110

Más información en: http://www.lecturasdezamarraco.net/excursos.html

Eduki, otro aprender

edukiHace poco tuvieron lugar en Balmaseda las primeras jornadas sobre Soberanía del Saber, de las que hablamos por aquí… Participamos en alguno de los actos y nos quedamos con ganas de hablar de ello. Sin embargo, en este caso creemos que es mucho mejor dejar hablar a otros. Se trata de Vicente Gutiérrez Escudero, autor del libro La tiza envenenada, y que fue uno de los participantes en aquellas jornadas. Hace pocos días escribió un artículo en el que habla sobre estas jornadas y sobre las inquitudes y las ideas que en ellas surgieron. El artículo, también recogido en su propio blog, ha sido publicado en la web de El Faradio.

 

 

la revolución del capitalismo comunero

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El capitalismo hace ya mucho que se hizo socialista e inventó el Estado del Bienestar. Más tarde se hizo ecologista y se llamó Capitalismo Verde. La nueva tendencia entre los ideólogos más progresistas del capitalismo es hacer la revolución comunera. El capitalismo se vuelve revolucionario. Reniegan incluso de la palabra capitalismo. El capitalismo se vuelve anticapitalista, revolucionario y comunal. Pero sigue siendo capitalismo, pues no renuncia a aquello que es la sustancia principal del capitalismo: la constante y creciente creación de valor.

En otras épocas el capitalismo retomó y reutilizó ideas como el socialismo para crear sociedades de la abundancia relanzando el consumo por medio de un cierto equilibrio en el reparto de la riqueza, mediante el expolio de los recursos de la mayor parte de la población mundial, que quedaba fuera de cualquier clase de reparto, y mediante la destrucción de la naturaleza. También retomó y reutilizó el ecologismo para abastecer el nuevo mercado de las elites preocupadas por su salud y por la salud de “su” planeta, mientras siguen destruyendo los recursos naturales.

Ahora, desde determinadas plataformas y colectivos como el denominado “Grupo de Cooperativas de las Indias“, se promueve la revolución para cambiar el sistema económico partiendo de lo comunal y lo comunitario, pero sin cambiar nada en el fondo. Productividad, trabajo, eficiencia, tecnología, desarrollo, abundancia, sostenibilidad… son ideas que permenecen inalterables. Su propuesta recuerda a aquello que tanto se suele repetir de la novela de Lampedusa: “Cambiarlo todo para que nada cambie”.

Esta utopía capitalista es descrita y promovida en su “Manifiesto Comunero“.

Los límites de la deserción

rus redire es el nombre que dimos a este espacio virtual porque creíamos que la vuelta al campo podría ser el punto de arranque de nuevas formas de vida. Todavía lo creemos posible, aunque sabemos por experiencia que no se cambian las formas de vida sólo por el hecho de volver al campo. Siempre hablamos de volver al campo, aunque sabemos que lo que se entiende normalmente como “el campo” ya no existe. El campo era un conjunto de formas de vida, de saberes, de formas de relación entre las personas y con la naturaleza, que hoy han desaparecido por completo. Por eso, volver al campo es mucho más que desplazarse a un territorio. Volver al campo es tratar de recuperar todo eso que se ha perdido. No es nada fácil. En la mayoría de las ocasiones puede ser hasta imposible. Algunos seguimos intentándolo.

Volver al campo es por tanto la voluntad de recuperar unas formas de vida que han desaparecido por completo, para intentar, a partir de ellas, construir nuevas formas de vida capaces de superar la forma de vida (de no-vida) única que nos impone el capitalismo en la que las personas vivimos aisladas para producir cada vez más, para consumir cada vez más, y para, por medio de la dominación de la vida, ir socavando la vida.

En alguna ocasión hemos oido a Yayo Herrero decir que es necesario hacer una antropología de salvamento: hay que recuperar los saberes que hicieron posible la vida durante siglos y que hoy están a punto de desaparecer por completo en las residencias de ancianos y en los centros de día. Es una de las labores que nos impusimos a nosotros mismos cuando decidimos volver al campo. Quizá hemos llegado demasiado tarde…

Volver al campo es desertar de unas formas de vida (de no-vida) para irse al desierto, porque eso es en lo que se ha convertido “el campo”. Pero es un desierto conquistado, que reproduce las condiciones de vida de las grandes urbes, aunque vacío. Un desierto utilizado por la economía global como vertedero de desechos, como fuente de recursos para la industria alimentaria y como espacio para el consumo de ocio de las masas urbanizadas.

Pero volver al campo es también, y sobre todo, una manera de abrir caminos por los que movernos en busca de nuevas formas de relación desvinculadas del mercado y del interés. Volver al campo puede ser el primer paso para iniciar un camino, junto con otras personas, para la creación de lazos que nos permitan volver a construir comunidad, para que el yo se disuelva en el nosotros y para que la vida se vuelva a situar en el centro de todo.

Sin embargo no hay que idealizar la vuelta al campo, ni como la única manera de crear estas nuevas formas de vida, ni siquiera como la mejor manera de hacerlo. Volver al campo no sirve de nada si nos conformamos sólo con eso.

Marc Badal habla en este vídeo de los límites de las estrategias “neorurales”:

tamagotchi: seminario sobre tecnología y emancipación social

tamagochiAunque con cuerpo propio, Tamagotchi nace en Burgos a modo de interludio entre lo que fue el I Taller de Crítica a la Economía, del que se ha cumplido ya un año, y lo que será el segundo. La insoslayable problematización de las cuestiones sociales con la aparición, en la trama de la historia, de las tecnologías, y la práctica imposibilidad de imaginar hoy el mundo sin ellas, nos obliga a dotarnos de un tiempo y un espacio propios para su reflexión. Desde una perspectiva cercana a la filosofía analítica, se quiere poner especial cuidado en hacer asequible a todo el aforo de posibles interesados -independientemente de su bagaje cultural o del contacto previo con estas temáticas- la producción discursiva de este encuentro: se tratará sobre todo de pensar en común. Todos los conceptos o categorías con algún grado de complejidad o esoterismo serán debidamente rodeados, asediados, para evitar oscurantismos o algún tipo de distanciamiento de esos que generan castas del saber. Es, por lo tanto, este seminario, un esfuerzo por hacer del conocimiento un bien común y del pensar una práctica colectiva.

Los documentos de trabajo, en ningún modo imprescindibles para seguir el desarrollo del seminario; las acreditaciones, mínimas, de los ponentes; así como algún enlace de interés, están disponibles en el programa digital alojado en la web de la editorial que impulsa esta iniciativa. Con ella, Lecturas de Zamarraco, sigue queriendo hacer su aportación en la construcción de un proyecto comunal amplio, popular, desde donde poder vincular luchas sociales, territorio, memoria, comunidad…

Días: sábado 11 de febrero (sesión de mañana: 10:30 horas, sesión de tarde: 17:00 horas) y domingo 12 de febrero (sesión de mañana: 10:30 horas)
Lugar: Biblioteca La Maldita (C/ Las Escuelas Nº 8, Gamonal, Burgos)

Noticia en Diario de Vurgos

Común ¿para qué?

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Un apantle es una acequia o acueducto utilizado para llevar el agua a los pueblos en muchas regiones de México y Centroamérica. Es un elemento importantísimo para la vida de las pequeñas comunidades rurales que se construía y se gestionaba de forma comunal.

En este número de la revista de estudios comunitarios “El Apantle”, varias personas abordan el tema de “lo común”. Estos son los artículos:

Reproducción comunitaria de la vida. Pensando la trans-formación social en el presente por Raquel Gutiérrez y Huascar Salazar

Comunes contra y más allá del capitalismo por George Caffentzis y Silvia Federici

Los trabajos colectivos como bienes comunes material/simbólicos por Raúl Zibechi

Hacer común contra la fragmentación en la ciudad: experiencias de autonomía para la reproducción de la vidapor Mina Navarro

Sistemas de gobierno comunal indigena: la organización de la reproducción de la vida por Gladys Tzul Tzul

Entrevista  a Silvia Rivera Cusicanqui. Sobre la comunidad de afinidad y otras reflexiones para hacernos y pensarnos en un mundo otro por Huascar Salazar

A proposito del trabajo de Silvia Federici. Colocar la reproducción material y simbólica de la vida social y la capacidad humana de producir lo común como punto de partida para la reflexión crítica y la práctica políticapor Raquel Gutiérrez

El problema del territorio: Mariátegui visto redes la historia indígena por Sinclair Thomson

Lo común desde la crítica de Bolivar Echeverria: centralidad del proceso reproducción social por Márgara Millán

La crítica como reivindicación de lo político del sujeto social por Diana Fuentes

La revista se puede descargar aquí

 

Sí, nos importa el bledo

Sí! Nos importa el bledo!

Con este lema que hemos tomado prestado del Comando María Moñitos, queremos presentar aquí un libro singular. Un libro dedicado a la maleza: Bienaventurada la “maleza” porque ella te salvará la cabeza.

La “maleza” es el mal puesto en femenino, porque es el mal que practicaban nuestros ancestros antes de descubrir lo que llamaron la “civilización” y que las mujeres, al menos, muchas de ellas, se resistían a abandonar. Los hombres civilizados utilizaron la palabra “maleza”, derivada de “malitia” (maldad), para referirse a todas aquellas plantas que durante milenios habían servido para la alimentación y el cuidado de la salud de cientos de generaciones de seres humanos.

Dado que había plantas que interferían con el “hombre” y con sus áreas de interés (Mercado, B.I. 1979. Introduction to weed science. Southeast Regional Center for Graduate Study and Research in Agriculture, Laguna, United States), el progreso y la civilización exigían su total extinción, y para ello el primer paso fue el de denigrarlas bautizándolas con un nombre peyorativo y además en femenino, aumentando así su carácter maléfico.

Comunicado del Frente María Moñitos para aclarar de qué color son las vainas.

Bienaventurada la maleza

César Lema Costas (ccord.), Bienaventurada la “maleza” porque ella te salvará la cabeza

Coordinado por César Lema Costas, este libro recién publicado ha contado con la colaboración de  un nutrido grupo de importantes colaboradores: Félix Rodrigo Mora, Josep Pàmies, Juanra, Silvia Méndez Alonso, Patri Puga Gómez y Daniel María Pérez Altamira.

Se compone de dos partes (unificadas físicamente en una carpeta de anillas), el libro de 239 páginas y las fichas en color de 113 plantas silvestres adecuadas para el consumo humano, organizadas por orden alfabético.

Son 113 plantas silvestres las que, en la sección de las fichas, quedan estudiadas en su totalidad, desde su presentación hasta las formas culinarias más apropiadas para su consumo. Se señala su inocuidad o, si es el caso, ligera toxicidad (junto con los modos de remediarla), uso culinario, uso medicinal y otros aprovechamientos, todo ello ilustrado con excelentes fotografías de las plantas y de los platos que es posible cocinar con ellas.

La portada reproduce el calendario románico del templo medieval de la aldea de Beleña del Sorbe (Guadalajara), erigido hacia el año 1150, que representa los meses de junio, con la escarda y recogida de silvestres, y julio, la siega con hoz del cereal.

La finalidad del libro “es exponer con argumentos pero sobre todo con fórmulas prácticas hacederas, porqué y cómo debemos incrementar el consumo humano de plantas silvestres. El fin último es salvaguardar el monte, la naturaleza salvaje, los bosques, el arbolado y el régimen de lluvias. Se trata de reducir la superficie agrícola al rebajar el consumo de alimentos y productos cultivados, para aminorar la erosión, destrucción de los suelos, aniquilación de la vida silvestre vegetal y animal, declive de la biodiversidad, desertificación y cambio climático. Al equipo que hemos colaborado nos une la convicción de que no basta con implementar agriculturas menos agresivas, aunque también, sino que además hay que retornar a la etapa recolectora de la historia de la humanidad para servirnos de las “malas hierbas”, de las “malezas”, como parte importante y habitual de la dieta, precisamente para reducir significativamente la superficie destinada a usos agrícolas, siempre causantes en mayor o menor medida de erosión y degradación edáfica, hídrica y climática”.