artillería comunal

El Ministerio de Defensa pretende vender en subasta pública, con un precio de salida de 14 millones de euros, los terrenos en los que se situaba el Parque de Artillería de Santa Bárbara, en Gamonal (Vurgos).

Estos terrenos pertenecieron a tierras comunales de los vecinos de Gamonal y fueron adquiridos de forma irregular en 1948. Existen documentos que se remontan a 1948 en los que se reflejan que estas parcelas obtenidas por el Ramo de Guerra junto con otras del llamado Censo de los Catorce fueron declaradas como ventas nulas y canceladas.

A mediados del siglo XVII, el monasterio de San Juan de Ortega constituyó, sobre unas tierras que le pertenecían, un censo perpetuo (enfitéutico) con los catorce vecinos que entonces constituían el común de Gamonal, por lo que desde entonces era conocido como el “censo de los catorce”. Como consecuencia de la desamortización de los bienes de monasterios de comienzos del siglo XIX, el dominio directo de aquellas tierras pasó a manos de particulares, mientras que el usufructo o dominio útil permaneció en manos de los herederos de aquellos catorce vecinos. A comienzos del siglo XX algunas de estas tierras fueron expropiadas por el ayuntamiento de Burgos que indemnizó a los usufructuarios del censo de los catorce con el usufruto de unas tierras que desde tiempo inmemorial habían sido comunales de los vecinos de Gamonal y que posteriormente fueron vendidas para la construcción del cuartel de artillería.

Ahora, en el año 2017, el Ministerio de Defensa pretende vender, para beneficio de grandes inmobiliarias, lo que nunca pudo haber comprado y que deberá regresar a sus legítimos propietarios: el común de los vecinos de Gamonal.

 

Maintenant (Ahora)

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Comité Invisible, Maintenant, éditions La fabrique, 2017.

Comité invisible: de la destrucción a la descomposición (reseña en francés en Le Comptoir)

Copiamos a continuación la reseña publicada por Briega. Contrainformación de Cantabria:

El comité invisible vuelve a la carga con una nueva publicación, Maintenant (Ahora), que salió a la luz el pasado mes de abril. Queda esperar la traducción al castellano que seguramente no se hará mucho de rogar. Mientras tanto, os dejamos con las siguientes reflexiones que nos ha inspirado la lectura del texto.

En la línea de sus anteriores publicaciones, en este nuevo ensayo el Comité Invisible, con su particular estilo provocativo y alejado de cualquier tipo de academicismo, acomete una crítica de la sociedad occidental actual y reflexiona sobre las vías para situarse “al margen” de ella. Esta vez, la palabra insurrección pasa a un segundo plano, hasta el punto de que apenas aparece mencionada en el texto, y pasa a dar protagonismo a otras palabras como destitución o comunismo, a las cuales se les dedica capítulos enteros. En realidad, creemos que el Comité Invisible no ofrece ahora nuevas grandes ideas, sino que se limita a actualizar y ampliar algunas que ya había desarrollado en textos anteriores.

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Concejo número 4

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El bien más precioso del hombre en el orden temporal, su continuidad más allá de los límites de su existencia, en los dos sentidos, ha sido enteramente confiada al Estado. (Simone Weil, “El desarraigo”)

A campana tañida e repicada… recibimos de nuevo la llamada a concejo para pensar y para hablar sobre todo aquello que nos concierne. Y como nuestra relación con el territorio también es algo que nos concierne, en este nuevo número (y van 4) de Concejo, editado por Lecturas de Zamarraco, se abre una puerta hacia la reflexión sobre cómo construir una relación con el territorio que nos permita rearraigar nuestras vidas, enraizar de nuevo.

“Echar raíces quizá sea la necesidad más importante e ignorada del alma humana”. Así se expresaba Simone Weil en un texto en el que reflexionaba sobre el desarraigo que se ha instalado como una de las principales enfermedades del mundo moderno. Para echar raíces necesitamos replantearnos nuestra relación con el territorio al margen de la idea y del concepto de nación que surgió con la modernidad. Nacionalismos e internacionalismos, ambos parten de la construcción de un concepto, la nación, que probablemente sea necesario deconstruir para poder empezar a imaginar una relación diferente con el territorio en el que vivimos y en el que convivimos con otros, de nuestra misma comunidad y de otras comunidades.

Este número de Concejo se inicia con un debate en el que surgen muchas cuestiones para poder pensar críticamente. Se presenta como un tímido comienzo que de paso a posteriores reflexiones y debates que nos ayuden a imaginar un nuevo modo de vida emancipada de todo aquello que nos somete y nos domina. El territorio y nuestra relación con él deben ser vistos desde nuevas perspectivas, ya que echar raíces de nuevo es probablemente lo único que puede garantizarnos la conexión entre el pasado y el futuro a través del presente. Esta conexión nos la puede proporcionar el territorio, con el que tendremos que establecer nuevas formas de relación autónomas, porque no podemos seguir confiando al Estado nuestro bien más precioso.

Neorrurales

Regresar al campo desde la ciudad puede tener diferentes significados. A lo largo del tiempo han sido muchas las gentes que han buscado en el campo distintas formas de retiro del mundanal ruido, buscando una vida más sencilla y más “natural”. A partir de mediados del pasado siglo se produjeron movimientos de personas que abandonaban la ciudad para regresar al campo, la mayoría de las veces excesivamente idealizado, como una reacción contra la mercantilización de la tierra, de la fuerza de trabajo y de la vida en general, y contra la alienación y la disolución de los lazos sociales consecuencia del capitalismo.

Muchas de estas experiencias fracasaron y acabaron por disolverse y muchas otras fueron absorbidas paradójicamente por el mismo sistema del que pretendían escapar. El capitalismo en su fase más avanzada utilizó hábilmente muchas de estas experiencias alternativas para poner en valor económico, es decir, para generar más capital, el mundo rural como una nueva mercancía en forma de paisajes, espacios naturales, historia, arte, artesanía, producción bio-ecológica, etc… Gran parte de aquellos “neorurales” que pretendieron ser una alternativa a la mercantilización de todo y al consumismo desbocado, se convirtieron en los “gestores del paisaje”, en los administradores de los “nuevos nichos de mercado” y en la mano de obra barata para los “nuevos yacimientos de empleo”.

Es algo que ya hemos comentado más de una vez en este blog. El regreso al campo no tiene sentido si no se plantea desde una crítica radical al capitalismo, sin perder en ningún momento de vista que el objetivo no puede ser crear pequeñas islas dentro de este sistema, ya que esto no es posible, sino el de abrir grietas en él y luchar con todos los medios para hacer estas grietas cada vez mayores, creando redes de pequeñas comunidades en las que se vayan desarrollando nuevas formas de vida, con lógicas comunales no mercantiles ni basadas en el intercambio ni en la obtención de beneficios. Si el interés particular, la obtención de beneficios, la concepción del mundo como una inmensa fuente de recursos a explotar, el crecimiento constante y el progreso son las claves del capitalismo, las alternativas que se pueden poner en marcha desde una nueva concepción de lo rural deben partir de lo común. Lo comunal representa un concepto mucho más amplio que lo que puede entenderse como otra forma de propiedad. Lo común, son las obligaciones que tenemos como colectivo. Son estas obligaciones que cada individuo tiene para con el resto de los miembros de su comunidad las que conforman lo común. Por tanto lo comunal no es una forma diferente de propiedad, sino la abolición de ésta. Lo comunal es una forma de vida en la que no cabe el mercado, ni la explotación, ni la ganancia. Lo comunal es vivir en común, sabiendo que cada persona tiene obligaciones para con los demás, creando y compartiendo nuestros saberes, nuestros cuidados y nuestros esfuerzos en una comunidad de personas, animales y tierra.

Hemos leído un interesante artículo en el que se abordan algunas de las cuestiones aquí planteadas desde un punto de vista mucho más interesane del que esperábamos del tipo de publicación en el que aparece:

Neorrurales (Rita Calvário y Iago Otero)

STALKER: Tecnologías y emancipación social

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El próximo día 18 de marzo (sábado) tendremos la oportunidad de asistir a la segunda parte del “Seminario sobre tecnologías y emancipación social” (TAMAGOTCHI). En esta ocasión será la película de Andrei Tarkovsky Stalker la que nos pondrá en situación para continuar el debate que se inició hace algunas semanas con ocasión de la primera parte de este Seminario.

Esperamos que la película de Tarkovsky sirva para guiarnos, como lo hace el stalker, a través de la zona, que es el mundo que está fuera de nosotros, para poder verlo con nuevas miradas. Habitamos un mundo hecho, lleno de máquinas y de complejos artefactos tecnológicos  que creemos que sirven para la satisfacción de deseos infinitos. Stalker nos guiará por este mundo para ayudarnos a penetrar en el interior de nosotros mismos en busca de esos deseos que tanto necesitamos satisfacer, pero que no sabemos ni siquiera cuáles son, ni si realmente es posible satisfacerlos de alguna manera.

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Cita extraída de A. Baecque, “Andrei Tarkovsky”, en Cahiers de Cinéma, 1989, p. 110

Más información en: http://www.lecturasdezamarraco.net/excursos.html

Eduki, otro aprender

edukiHace poco tuvieron lugar en Balmaseda las primeras jornadas sobre Soberanía del Saber, de las que hablamos por aquí… Participamos en alguno de los actos y nos quedamos con ganas de hablar de ello. Sin embargo, en este caso creemos que es mucho mejor dejar hablar a otros. Se trata de Vicente Gutiérrez Escudero, autor del libro La tiza envenenada, y que fue uno de los participantes en aquellas jornadas. Hace pocos días escribió un artículo en el que habla sobre estas jornadas y sobre las inquitudes y las ideas que en ellas surgieron. El artículo, también recogido en su propio blog, ha sido publicado en la web de El Faradio.

 

 

la revolución del capitalismo comunero

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El capitalismo hace ya mucho que se hizo socialista e inventó el Estado del Bienestar. Más tarde se hizo ecologista y se llamó Capitalismo Verde. La nueva tendencia entre los ideólogos más progresistas del capitalismo es hacer la revolución comunera. El capitalismo se vuelve revolucionario. Reniegan incluso de la palabra capitalismo. El capitalismo se vuelve anticapitalista, revolucionario y comunal. Pero sigue siendo capitalismo, pues no renuncia a aquello que es la sustancia principal del capitalismo: la constante y creciente creación de valor.

En otras épocas el capitalismo retomó y reutilizó ideas como el socialismo para crear sociedades de la abundancia relanzando el consumo por medio de un cierto equilibrio en el reparto de la riqueza, mediante el expolio de los recursos de la mayor parte de la población mundial, que quedaba fuera de cualquier clase de reparto, y mediante la destrucción de la naturaleza. También retomó y reutilizó el ecologismo para abastecer el nuevo mercado de las elites preocupadas por su salud y por la salud de “su” planeta, mientras siguen destruyendo los recursos naturales.

Ahora, desde determinadas plataformas y colectivos como el denominado “Grupo de Cooperativas de las Indias“, se promueve la revolución para cambiar el sistema económico partiendo de lo comunal y lo comunitario, pero sin cambiar nada en el fondo. Productividad, trabajo, eficiencia, tecnología, desarrollo, abundancia, sostenibilidad… son ideas que permenecen inalterables. Su propuesta recuerda a aquello que tanto se suele repetir de la novela de Lampedusa: “Cambiarlo todo para que nada cambie”.

Esta utopía capitalista es descrita y promovida en su “Manifiesto Comunero“.

Los límites de la deserción

rus redire es el nombre que dimos a este espacio virtual porque creíamos que la vuelta al campo podría ser el punto de arranque de nuevas formas de vida. Todavía lo creemos posible, aunque sabemos por experiencia que no se cambian las formas de vida sólo por el hecho de volver al campo. Siempre hablamos de volver al campo, aunque sabemos que lo que se entiende normalmente como “el campo” ya no existe. El campo era un conjunto de formas de vida, de saberes, de formas de relación entre las personas y con la naturaleza, que hoy han desaparecido por completo. Por eso, volver al campo es mucho más que desplazarse a un territorio. Volver al campo es tratar de recuperar todo eso que se ha perdido. No es nada fácil. En la mayoría de las ocasiones puede ser hasta imposible. Algunos seguimos intentándolo.

Volver al campo es por tanto la voluntad de recuperar unas formas de vida que han desaparecido por completo, para intentar, a partir de ellas, construir nuevas formas de vida capaces de superar la forma de vida (de no-vida) única que nos impone el capitalismo en la que las personas vivimos aisladas para producir cada vez más, para consumir cada vez más, y para, por medio de la dominación de la vida, ir socavando la vida.

En alguna ocasión hemos oido a Yayo Herrero decir que es necesario hacer una antropología de salvamento: hay que recuperar los saberes que hicieron posible la vida durante siglos y que hoy están a punto de desaparecer por completo en las residencias de ancianos y en los centros de día. Es una de las labores que nos impusimos a nosotros mismos cuando decidimos volver al campo. Quizá hemos llegado demasiado tarde…

Volver al campo es desertar de unas formas de vida (de no-vida) para irse al desierto, porque eso es en lo que se ha convertido “el campo”. Pero es un desierto conquistado, que reproduce las condiciones de vida de las grandes urbes, aunque vacío. Un desierto utilizado por la economía global como vertedero de desechos, como fuente de recursos para la industria alimentaria y como espacio para el consumo de ocio de las masas urbanizadas.

Pero volver al campo es también, y sobre todo, una manera de abrir caminos por los que movernos en busca de nuevas formas de relación desvinculadas del mercado y del interés. Volver al campo puede ser el primer paso para iniciar un camino, junto con otras personas, para la creación de lazos que nos permitan volver a construir comunidad, para que el yo se disuelva en el nosotros y para que la vida se vuelva a situar en el centro de todo.

Sin embargo no hay que idealizar la vuelta al campo, ni como la única manera de crear estas nuevas formas de vida, ni siquiera como la mejor manera de hacerlo. Volver al campo no sirve de nada si nos conformamos sólo con eso.

Marc Badal habla en este vídeo de los límites de las estrategias “neorurales”:

tamagotchi: seminario sobre tecnología y emancipación social

tamagochiAunque con cuerpo propio, Tamagotchi nace en Burgos a modo de interludio entre lo que fue el I Taller de Crítica a la Economía, del que se ha cumplido ya un año, y lo que será el segundo. La insoslayable problematización de las cuestiones sociales con la aparición, en la trama de la historia, de las tecnologías, y la práctica imposibilidad de imaginar hoy el mundo sin ellas, nos obliga a dotarnos de un tiempo y un espacio propios para su reflexión. Desde una perspectiva cercana a la filosofía analítica, se quiere poner especial cuidado en hacer asequible a todo el aforo de posibles interesados -independientemente de su bagaje cultural o del contacto previo con estas temáticas- la producción discursiva de este encuentro: se tratará sobre todo de pensar en común. Todos los conceptos o categorías con algún grado de complejidad o esoterismo serán debidamente rodeados, asediados, para evitar oscurantismos o algún tipo de distanciamiento de esos que generan castas del saber. Es, por lo tanto, este seminario, un esfuerzo por hacer del conocimiento un bien común y del pensar una práctica colectiva.

Los documentos de trabajo, en ningún modo imprescindibles para seguir el desarrollo del seminario; las acreditaciones, mínimas, de los ponentes; así como algún enlace de interés, están disponibles en el programa digital alojado en la web de la editorial que impulsa esta iniciativa. Con ella, Lecturas de Zamarraco, sigue queriendo hacer su aportación en la construcción de un proyecto comunal amplio, popular, desde donde poder vincular luchas sociales, territorio, memoria, comunidad…

Días: sábado 11 de febrero (sesión de mañana: 10:30 horas, sesión de tarde: 17:00 horas) y domingo 12 de febrero (sesión de mañana: 10:30 horas)
Lugar: Biblioteca La Maldita (C/ Las Escuelas Nº 8, Gamonal, Burgos)

Noticia en Diario de Vurgos