Eduki, otro aprender

edukiHace poco tuvieron lugar en Balmaseda las primeras jornadas sobre Soberanía del Saber, de las que hablamos por aquí… Participamos en alguno de los actos y nos quedamos con ganas de hablar de ello. Sin embargo, en este caso creemos que es mucho mejor dejar hablar a otros. Se trata de Vicente Gutiérrez Escudero, autor del libro La tiza envenenada, y que fue uno de los participantes en aquellas jornadas. Hace pocos días escribió un artículo en el que habla sobre estas jornadas y sobre las inquitudes y las ideas que en ellas surgieron. El artículo, también recogido en su propio blog, ha sido publicado en la web de El Faradio.

 

 

la revolución del capitalismo comunero

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El capitalismo hace ya mucho que se hizo socialista e inventó el Estado del Bienestar. Más tarde se hizo ecologista y se llamó Capitalismo Verde. La nueva tendencia entre los ideólogos más progresistas del capitalismo es hacer la revolución comunera. El capitalismo se vuelve revolucionario. Reniegan incluso de la palabra capitalismo. El capitalismo se vuelve anticapitalista, revolucionario y comunal. Pero sigue siendo capitalismo, pues no renuncia a aquello que es la sustancia principal del capitalismo: la constante y creciente creación de valor.

En otras épocas el capitalismo retomó y reutilizó ideas como el socialismo para crear sociedades de la abundancia relanzando el consumo por medio de un cierto equilibrio en el reparto de la riqueza, mediante el expolio de los recursos de la mayor parte de la población mundial, que quedaba fuera de cualquier clase de reparto, y mediante la destrucción de la naturaleza. También retomó y reutilizó el ecologismo para abastecer el nuevo mercado de las elites preocupadas por su salud y por la salud de “su” planeta, mientras siguen destruyendo los recursos naturales.

Ahora, desde determinadas plataformas y colectivos como el denominado “Grupo de Cooperativas de las Indias“, se promueve la revolución para cambiar el sistema económico partiendo de lo comunal y lo comunitario, pero sin cambiar nada en el fondo. Productividad, trabajo, eficiencia, tecnología, desarrollo, abundancia, sostenibilidad… son ideas que permenecen inalterables. Su propuesta recuerda a aquello que tanto se suele repetir de la novela de Lampedusa: “Cambiarlo todo para que nada cambie”.

Esta utopía capitalista es descrita y promovida en su “Manifiesto Comunero“.

Los límites de la deserción

rus redire es el nombre que dimos a este espacio virtual porque creíamos que la vuelta al campo podría ser el punto de arranque de nuevas formas de vida. Todavía lo creemos posible, aunque sabemos por experiencia que no se cambian las formas de vida sólo por el hecho de volver al campo. Siempre hablamos de volver al campo, aunque sabemos que lo que se entiende normalmente como “el campo” ya no existe. El campo era un conjunto de formas de vida, de saberes, de formas de relación entre las personas y con la naturaleza, que hoy han desaparecido por completo. Por eso, volver al campo es mucho más que desplazarse a un territorio. Volver al campo es tratar de recuperar todo eso que se ha perdido. No es nada fácil. En la mayoría de las ocasiones puede ser hasta imposible. Algunos seguimos intentándolo.

Volver al campo es por tanto la voluntad de recuperar unas formas de vida que han desaparecido por completo, para intentar, a partir de ellas, construir nuevas formas de vida capaces de superar la forma de vida (de no-vida) única que nos impone el capitalismo en la que las personas vivimos aisladas para producir cada vez más, para consumir cada vez más, y para, por medio de la dominación de la vida, ir socavando la vida.

En alguna ocasión hemos oido a Yayo Herrero decir que es necesario hacer una antropología de salvamento: hay que recuperar los saberes que hicieron posible la vida durante siglos y que hoy están a punto de desaparecer por completo en las residencias de ancianos y en los centros de día. Es una de las labores que nos impusimos a nosotros mismos cuando decidimos volver al campo. Quizá hemos llegado demasiado tarde…

Volver al campo es desertar de unas formas de vida (de no-vida) para irse al desierto, porque eso es en lo que se ha convertido “el campo”. Pero es un desierto conquistado, que reproduce las condiciones de vida de las grandes urbes, aunque vacío. Un desierto utilizado por la economía global como vertedero de desechos, como fuente de recursos para la industria alimentaria y como espacio para el consumo de ocio de las masas urbanizadas.

Pero volver al campo es también, y sobre todo, una manera de abrir caminos por los que movernos en busca de nuevas formas de relación desvinculadas del mercado y del interés. Volver al campo puede ser el primer paso para iniciar un camino, junto con otras personas, para la creación de lazos que nos permitan volver a construir comunidad, para que el yo se disuelva en el nosotros y para que la vida se vuelva a situar en el centro de todo.

Sin embargo no hay que idealizar la vuelta al campo, ni como la única manera de crear estas nuevas formas de vida, ni siquiera como la mejor manera de hacerlo. Volver al campo no sirve de nada si nos conformamos sólo con eso.

Marc Badal habla en este vídeo de los límites de las estrategias “neorurales”:

tamagotchi: seminario sobre tecnología y emancipación social

tamagochiAunque con cuerpo propio, Tamagotchi nace en Burgos a modo de interludio entre lo que fue el I Taller de Crítica a la Economía, del que se ha cumplido ya un año, y lo que será el segundo. La insoslayable problematización de las cuestiones sociales con la aparición, en la trama de la historia, de las tecnologías, y la práctica imposibilidad de imaginar hoy el mundo sin ellas, nos obliga a dotarnos de un tiempo y un espacio propios para su reflexión. Desde una perspectiva cercana a la filosofía analítica, se quiere poner especial cuidado en hacer asequible a todo el aforo de posibles interesados -independientemente de su bagaje cultural o del contacto previo con estas temáticas- la producción discursiva de este encuentro: se tratará sobre todo de pensar en común. Todos los conceptos o categorías con algún grado de complejidad o esoterismo serán debidamente rodeados, asediados, para evitar oscurantismos o algún tipo de distanciamiento de esos que generan castas del saber. Es, por lo tanto, este seminario, un esfuerzo por hacer del conocimiento un bien común y del pensar una práctica colectiva.

Los documentos de trabajo, en ningún modo imprescindibles para seguir el desarrollo del seminario; las acreditaciones, mínimas, de los ponentes; así como algún enlace de interés, están disponibles en el programa digital alojado en la web de la editorial que impulsa esta iniciativa. Con ella, Lecturas de Zamarraco, sigue queriendo hacer su aportación en la construcción de un proyecto comunal amplio, popular, desde donde poder vincular luchas sociales, territorio, memoria, comunidad…

Días: sábado 11 de febrero (sesión de mañana: 10:30 horas, sesión de tarde: 17:00 horas) y domingo 12 de febrero (sesión de mañana: 10:30 horas)
Lugar: Biblioteca La Maldita (C/ Las Escuelas Nº 8, Gamonal, Burgos)

Noticia en Diario de Vurgos

Común ¿para qué?

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Un apantle es una acequia o acueducto utilizado para llevar el agua a los pueblos en muchas regiones de México y Centroamérica. Es un elemento importantísimo para la vida de las pequeñas comunidades rurales que se construía y se gestionaba de forma comunal.

En este número de la revista de estudios comunitarios “El Apantle”, varias personas abordan el tema de “lo común”. Estos son los artículos:

Reproducción comunitaria de la vida. Pensando la trans-formación social en el presente por Raquel Gutiérrez y Huascar Salazar

Comunes contra y más allá del capitalismo por George Caffentzis y Silvia Federici

Los trabajos colectivos como bienes comunes material/simbólicos por Raúl Zibechi

Hacer común contra la fragmentación en la ciudad: experiencias de autonomía para la reproducción de la vidapor Mina Navarro

Sistemas de gobierno comunal indigena: la organización de la reproducción de la vida por Gladys Tzul Tzul

Entrevista  a Silvia Rivera Cusicanqui. Sobre la comunidad de afinidad y otras reflexiones para hacernos y pensarnos en un mundo otro por Huascar Salazar

A proposito del trabajo de Silvia Federici. Colocar la reproducción material y simbólica de la vida social y la capacidad humana de producir lo común como punto de partida para la reflexión crítica y la práctica políticapor Raquel Gutiérrez

El problema del territorio: Mariátegui visto redes la historia indígena por Sinclair Thomson

Lo común desde la crítica de Bolivar Echeverria: centralidad del proceso reproducción social por Márgara Millán

La crítica como reivindicación de lo político del sujeto social por Diana Fuentes

La revista se puede descargar aquí

 

Sí, nos importa el bledo

Sí! Nos importa el bledo!

Con este lema que hemos tomado prestado del Comando María Moñitos, queremos presentar aquí un libro singular. Un libro dedicado a la maleza: Bienaventurada la “maleza” porque ella te salvará la cabeza.

La “maleza” es el mal puesto en femenino, porque es el mal que practicaban nuestros ancestros antes de descubrir lo que llamaron la “civilización” y que las mujeres, al menos, muchas de ellas, se resistían a abandonar. Los hombres civilizados utilizaron la palabra “maleza”, derivada de “malitia” (maldad), para referirse a todas aquellas plantas que durante milenios habían servido para la alimentación y el cuidado de la salud de cientos de generaciones de seres humanos.

Dado que había plantas que interferían con el “hombre” y con sus áreas de interés (Mercado, B.I. 1979. Introduction to weed science. Southeast Regional Center for Graduate Study and Research in Agriculture, Laguna, United States), el progreso y la civilización exigían su total extinción, y para ello el primer paso fue el de denigrarlas bautizándolas con un nombre peyorativo y además en femenino, aumentando así su carácter maléfico.

Comunicado del Frente María Moñitos para aclarar de qué color son las vainas.

Bienaventurada la maleza

César Lema Costas (ccord.), Bienaventurada la “maleza” porque ella te salvará la cabeza

Coordinado por César Lema Costas, este libro recién publicado ha contado con la colaboración de  un nutrido grupo de importantes colaboradores: Félix Rodrigo Mora, Josep Pàmies, Juanra, Silvia Méndez Alonso, Patri Puga Gómez y Daniel María Pérez Altamira.

Se compone de dos partes (unificadas físicamente en una carpeta de anillas), el libro de 239 páginas y las fichas en color de 113 plantas silvestres adecuadas para el consumo humano, organizadas por orden alfabético.

Son 113 plantas silvestres las que, en la sección de las fichas, quedan estudiadas en su totalidad, desde su presentación hasta las formas culinarias más apropiadas para su consumo. Se señala su inocuidad o, si es el caso, ligera toxicidad (junto con los modos de remediarla), uso culinario, uso medicinal y otros aprovechamientos, todo ello ilustrado con excelentes fotografías de las plantas y de los platos que es posible cocinar con ellas.

La portada reproduce el calendario románico del templo medieval de la aldea de Beleña del Sorbe (Guadalajara), erigido hacia el año 1150, que representa los meses de junio, con la escarda y recogida de silvestres, y julio, la siega con hoz del cereal.

La finalidad del libro “es exponer con argumentos pero sobre todo con fórmulas prácticas hacederas, porqué y cómo debemos incrementar el consumo humano de plantas silvestres. El fin último es salvaguardar el monte, la naturaleza salvaje, los bosques, el arbolado y el régimen de lluvias. Se trata de reducir la superficie agrícola al rebajar el consumo de alimentos y productos cultivados, para aminorar la erosión, destrucción de los suelos, aniquilación de la vida silvestre vegetal y animal, declive de la biodiversidad, desertificación y cambio climático. Al equipo que hemos colaborado nos une la convicción de que no basta con implementar agriculturas menos agresivas, aunque también, sino que además hay que retornar a la etapa recolectora de la historia de la humanidad para servirnos de las “malas hierbas”, de las “malezas”, como parte importante y habitual de la dieta, precisamente para reducir significativamente la superficie destinada a usos agrícolas, siempre causantes en mayor o menor medida de erosión y degradación edáfica, hídrica y climática”.

Con ojos bien abiertos

con-ojos-bien-abiertosCon ojos bien abiertos. Ante el despojo, rehabilitemos lo común. Un encuentro de colectivos a propósito de Ivan Illich

Una vez más, gracias a Kutxiko txoko txikitxutik, hemos tenido conocimiento de esta interesantísima publicación. Un libro colectivo en el que se abordan experiencias de lucha y de resistencia ávidas de analizar y compartir las posibles salidas a formas de vida autónomas y comunitarias guiadas por la idea de “convivencialidad” propuesta por Ivan Illich.

De la introducción:

El libro que tienen entre las manos surge del impulso de la Cátedra Jorge Alonso1 por generar confluencias, y convertirlas en encuentros productivos de pensamiento crítico latinoamericano, que reditúen en múltiples búsquedas por hacer de México un mundo donde quepan muchos mundos. El evento celebrado en junio de 20152 llegó a ser un verdadero encuentro entre personas ricas en experiencias de lucha, formadas en colectivos de diferentes sepas, todas ávidas a compartir y analizar las posibles salidas anti-capitalistas a las crisis que nos aquejan y de que somos parte.

(…) Es así que el encuentro lo hicimos personas situadas en tres grandes trincheras de experiencia política, o desde tres grupos de compañeras y compañeros, con sus respectivas miradas hacia la militancia y el quehacer netamente político. Esta experiencia en las luchas sociales de México ha encontrado pistas de continuidad y de transformación en colectivos de diversa naturaleza e historia. Desde un principio planteamos la necesidad de dialogar entre nosotros, esto es, de mirarnos en nuestra diferencia con vistas a vincularnos en lo común. Aspiramos a poder enfocarnos en lo compartido, al traer a la discusión en el Seminario nuestras reflexiones sobre el gran reto de concentrar sinergias para construir alternativas desde una miriada de espacios abiertos desde abajo, y desde lo local y lo regional. Lo que no es lo mismo que aspirar a la unidad en la lucha, sino más bien, el evento que nos reunió representó una búsqueda por afinar más y apreciar mejor las maneras de acercarnos como nodos de redes que a su vez se vinculan a otros colectivos. Nos permea una actitud abierta para comprendernos en nuestros lenguajes e imaginarios diversos de transformación social.

el negocio de la revolución social

"... bajo el ropaje de la globalización, el capitalismo extiende sus tentáculos de expropiación a todos los rincones de la tierra. Si alguien encontrara un modo de superar el capitalismo, seguramente alguna corporación compraría los derechos de autor y distribución."

Simon Critchley, La demanda infinita, p. 133.

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Luchar contra la pobreza y contra las injusticias es otra oportunidad de negocio que está esperando a los nuevos emprendedores. Aunque lo parezca no es tan descabellado. Dado que el obetivo del capitalismo es crear riqueza, no es raro que a algún emprendedor se le haya ocurrido que lo que hay que hacer es luchar contra la pobreza. Así han nacido proyectos empresariales como Vistare o UnLtd Spain. En ambos casos se trata de iniciativas empresariales que tienen el objetivo de ganar dinero ayudando a las víctimas del sistema basado en la necesidad imperiosa de ganar dinero. Es el pez que se muerde la cola. El capitalismo es un sistema que se apropia de todo, hasta de sus deshechos, para sus propios fines de crecimiento ilimitado. Si hace falta, el capitalismo se hace antisistema.

El capitalismo se reapropia de cualquier cosa que parezca cuestionarlo. Si la ecología nació como un movimiento que denunciaba los males profundos que la codicia capitalista estaba causando en el planeta, pronto se convirtió en una estrategia de las grandes empresas para vender más y más caro. De pronto, las empresas más contaminantes se volvieron ecológicas sin dejar de contaminar, y cambiaron sus logotipos para introducir en ellos el color verde. La pobreza hace tiempo que es un buen negocio. Si no, que se lo pregunten a empresas como Iberdrola o Telefónica que desembarcaron hace ya bastantes años en las regiones más deprimidas de Sudamérica para establecer sus nuevas líneas de negocio.

En los últimos tiempos, además, hacer negocios con los pobres se ha vuelto una actividad casi revolucionaria. Ahora no se trata de venderles electricidad. Ahora de lo que se trata es de vender entre las clases medias europeas y americanas ideas de solidaridad y de “cambio social” (algún día pueden sorprendernos incluso hablandonos de “revolución”) utilizando la pobreza. La venta de bellas ideas para la “transformación de la realidad” es hoy una buena fuente de ingresos para emprendedores sin escrúpulos.

Solsticio de invierno. Una reflexión crítica

El solsticio de invierno en la cultura popular
Una reflexión crítica sobre las fiestas de navidad

Vivimos estos días la época del año en que los días son más cortos y las noches más largas. Dentro de unos pocos días el sol comenzará a salir por el horizonte algunos segundos antes cada día y se ocultará también un poco más tarde que el día anterior. Para las mentalidades primitivas este hecho constituía algo sorprendente y esperanzador. Cuando parecía que el sol se apagaba poco a poco y que pronto se extinguiría, repentinamente un día comenzaba de nuevo a subir cada día un poco más sobre el horizonte y a permanecer algunos minutos más brillando en el firmamento. El solsticio de invierno marca convencionalmente el paso del otoño al invierno, pero sobre todo señala el momento en que el sol comienza de nuevo a brillar durante más tiempo en el cielo.

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El capitalismo, que todo capitaliza, también ha capitalizado los rituales comunitarios relacionados con los ciclos anuales de la naturaleza y de la vida. Un año más volvemos a vivir la gran celebración del consumo, de la banalidad y de la repetición de rituales vacíos, totalmente desprovistos de significado, vinculada a eso que que llamamos “la navidad”. En el marco de una reflexión crítica sobre el mundo que nos rodea y del constante cuestionamiento, desde abajo, de cualquier intento de imponernos un orden desde arriba, creemos necesario repensar el significado que tiene esta época del año, el que ha tenido en otras épocas para las comunidades vinculadas a la tierra y el que deseamos que tenga para nosotros. Es importante no solo conocer las tradiciones y su origen sino tratar de recuperarlas dotándolas de un significado actual que circule siempre desde abajo hacia arriba. Si recuperamos las tradiciones es porque nos sirven a los de abajo para expresarnos y para dotarnos de instrumentos que nos ayuden a reforzar nuestros lazos comunitarios y nuestra relación con la tierra, con la luz, con los otros seres vivos, con nuestros antepasados y, en definitiva, con  la vida.

En las culturas tradicionales de los pueblos del hemisferio norte, los ciclos anuales relacionados con la posición de la tierra con respecto al sol han tenido una enorme importancia. La tierra es la fuente de la vida, pero necesita del sol, de su luz y de su calor para dar frutos. Por ello en las culturas tradicionales, el sol con sus ciclos anuales ha sido el protagonista de grandes fiestas y celebraciones. Los solsticios de verano y de invierno señalan los momentos clave, los puntos de inflexión, en el ciclo anual de la órbita solar. Si el solsticio de verano es el momento en el que hay más horas de sol, y la tierra comienza a fructificar, y por tanto es el símbolo de la plenitud de la vida; el solsticio de invierno, cuando el sol hace su recorrido más corto y más bajo sobre el horizonte es el símbolo de la oscuridad pero también de la esperanza renovada. El día del solsticio de invierno es el día más oscuro del año, pero también es el día del triunfo de la luz sobre las tinieblas, porque es cuando el sol comienza de nuevo a hacer más largo su recorrido.

El solsticio de invierno es el momento de la celebración del triunfo de la luz sobre las tinieblas, de la celebración de la esperanza de que la tierra recién sembrada volverá a dar frutos una vez más, renovándose así la vida. También es el momento en el que la despensa está llena, hay leña suficiente en la leñera, la matanza del cerdo todavía está reciente y los tocinos cuelgan del techo. Hay alimentos, pero tienen que durar todo el invierno. Se acerca una época dura y hay que prepararse para ello celebrando durante algunos días la abundancia. Las horas de luz son pocas y los trabajos en el campo casi nulos. Es el tiempo de las experiencias limítrofes, de la locura y de lo grotesco. Es el tiempo de establecer los límites entre lo que fue, lo que es y lo que será, entre lo racional y lo imaginario; es el tiempo en el que el desorden se rebela contra el orden de los estrictos ciclos temporales. Es por tanto el tiempo de la fiesta, de las máscaras que ocultan y que disuelven al individuo en el grupo, que permiten la subversión contra las normas como una forma de terapia comunitaria que garantiza el equilibrio, porque después de los excesos todo volverá a la normalidad, y el sol de nuevo volverá a traer más luz y más vida.

En esta época, en toda Europa, se celebraban, desde tiempo inmemorial, grandes fiestas y mascaradas en las que la música y la danza acompañaba a los rituales en los que las máscaras servían para representaciones dramáticas, relacionadas en muchos casos con magias al servicio de la fertilidad y de la fecundidad, que significaban una catarsis de los problemas surgidos en la vida comunitaria y en las que la comunidad se reintegraba de forma simbólica en la naturaleza por medio de su identificación con seres salvajes, que entre gritos y aspavientos reforzaban los lazos que unen la vida de las personas a la tierra, a la luz y a la oscuridad. La separación entre cultura y naturaleza queda disuelta por medio de estas mascaradas en las que se recrean las relaciones entre los miembros de la comunidad, las relaciones con sus ancestros, y las relaciones de la comunidad con la tierra y con el resto de seres que viven en ella. Durante las mascaradas se profieren injurias, se hacen públicos los hechos escandalosos que hasta entonces se habían mantenido ocultos, se hacen sátiras, se desbaratan objetos y durante unos días se rompe con los moldes que mantienen el orden y la racionalidad.

Los zangarrones, obisparras, carochos, cencerrones, diablos, birrias, tafarrones, talanqueiras, zarramanculleiros, caretos, zamarracos, zarramacos, botargas, morraches, guirrios, sidros, zamarrones, trapajones, ziripot, zaldikos, zezengorris, momotxorros, juantramposos, joariak… son algunos de los muchos nombres que tienen algunos de los personajes que componen las mascaradas de invierno en diferentes lugares de la península ibérica. Sus equivalentes en el resto de Europa son los strohbär, reisigbär, strohmann, pelzmärtle, cerbul, sauvages, boes, schnappviecher, babugeri, busós, arkouda, burryman…

Las mascaradas son celebraciones que surgen de las culturas populares. Son tradiciones desde abajo. Basándose en estas celebraciones tradicionales del solsticio de invierno, Roma, impuso, desde arriba, sus propias celebraciones, las saturnalias, las fiestas del sol invictus. Estas eran las fiestas que se celebraban en el imperio romano en honor al dios Saturno, como dios de las cocechas y el trabajo con la tierra.

La iglesia católica retomó la tradición de Roma y adaptó la idea del sol invictus para hacer honor a su dios hecho hombre como luz del mundo que triunfa sobre las tinieblas y estableció en la misma época del año, el solsticio de invierno, la festividad de la navidad para conmemorar el nacimiento de su dios luz hecho hombre. La iglesia católica trató de sustituir las antiguas celebraciones del solsticio de invierno por la nueva celebración de la navidad, pero el fuerte arraigo popular que tenían las mascaradas hizo imposible evitar su celebración por lo que fueron trasladadas al final del invierno, haciéndolas coincidir con las celebraciones del comienzo de la primavera. Para ello la iglesia se inventó un nuevo tiempo litúrgico dentro del ciclo anual al que denominaron “Carnaval” en el que trataron de reunir todas aquellas festividades que se consideraban “paganas” y con las que no pudieron acabar mediante prohibiciones. De esta manera las mascaradas pasaron a formar parte de las fiestas de primavera, llamadas fiestas de carnaval.

Asociada también a esta época del año en el que la abundancia está directamente relacionada con la perspectiva de escasez y la esterilidad con la esperanza de una renovación de la fertilidad, se encuentra la costumbre de intercambiar dones y regalos. Entre los celtas,  esta costumbre del intercambio de regalos, coincidente con la época de comienzo de un nuevo ciclo solar, era conocida con el nombre de “eguinad”, de donde se supone que procede la palabra “aguinaldo”, aunque según algunos autores el origen de esta palabra, a través de “aguinando” y “aguilando”, se encuentra en la expresión latina “hoc in anno” utilizada en la costumbre existente en Roma de hacer regalos durante los primeros días de cada nuevo año en honor de los dioses y como señal de felices augurios. A estos regalos los llamaban strenae de forma general y Kalendariae strenae a los regalos que se hacían con motivo del comienzo del nuevo año. Strenia era también el nombre de la diosa del año nuevo y Strenua era el nombre del bosque sagrado al que acostumbraban a acudir el primer día del año a recoger verbena. La costumbre de hacer regalos en esta época del año continuó hasta nuestros días bajo la forma de los aguinaldos o aguilandos y la iglesia católica la mantuvo por medio de la celebración de la festividad de los reyes magos. La costumbre romana de las strenae vinculada a la entrada del nuevo año derivó en los entroidos, de donde procede también el nombre de antruejo, con que se designan en algunos lugares a las mascaradas invernales.

En Castilla, aún se conserva en algunos lugares la celebración de mascaradas en las que el protagonista indiscutible es el zamarraco, conocido también con otros nombres como zarramaco, morrache, botarga, guirrio, sidro o zamarrón. Es un personaje situado en el límite entre humano y salvaje que se dedica a provocar, fomentar el desorden e incitar a la desobediencia. Se cubre con pellejos de carneros y porta unos grandes cencerros. Suele llevar en las manos un instrumento de azote con el que propina zurriagazos a diestro y siniestro. Existen personajes similares en toda la tradición europea y su origen se remonta a la noche de los tiempos, pues se han encontrado personajes parecidos en algunas pinturas rupestres del paleolítico como el chaman-ciervo de la cueva de Trois-Frères en Francia.

También se conserva aún en muchos pueblos de Castilla la costumbre de los aguinaldos. En la actualidad suelen ser los jóvenes de los pueblos los que cantan coplas y hacen una ronda por las casas del pueblo pidiendo alimentos con los que luego poder hacer una celebración. Antiguamente, además de los jóvenes y niños solían ser los pastores los que pedían en las casas de los agricultores.